Cuando la tierra golpea el alma
Por lo general suelo escribir textos muy extensos y críticos de mi país y de lo que le rodea, pero ahora haré un alto y cambiaré el modo, siento que ante tanta noticia y relatos del terremoto, es necesario apelar a la sensibilidad de cada uno de nosotros, es decir, ver la otra cara de la moneda que no es la que habitualmente aparece en televisión.
Estos días han sido particularmente complejos para mí, pues si bien no tuve daños mayores ni pérdidas cercanas en mi entorno familiar, el terremoto me ha golpeado en forma indirecta y siento que ver el lado oscuro de la naturaleza desde el interior y no fuera de él nos entrega un valioso mensaje, lo pequeño y frágiles que somos del mundo y del universo.
Cada imagen que muestran de Concepción, mi ciudad natal, es un impacto al ver las calles por las que caminaba en mis periódicas visitas, hoy convertidas en la expresión máxima del caos, con edificios y construcciones en el suelo, incendios y saqueos, como si cada hecho constituyera en sí el Apocalipsis. Por un lado, tengo 3 amigos desaparecidos en esa ciudad, no he tenido datos de ellos ni tampoco hay forma de comunicarse fácilmente. Además tengo parientes que lo han perdido todo, menos sus vidas; tamaña tarea será ayudarlos para que salgan adelante. A eso se suma la pérdida de un amigo que fue una de las victimas de la avioneta que cayó en Tomé, Pablo Desbordes, una excepcional persona que conocí justamente en labores sociales hace cerca de 10 años. Realmente fue un ejemplo para todos y sucumbió en lo que el más amaba, ayudar a su patria y a su gente, desde aquí mi pequeño y humilde homenaje.
Sin duda todos estos hechos me han sensibilizado profundamente, valorando que la naturaleza siempre será más sabia y adelantada que nosotros, por más que queramos cambiarla.
El ser humano se ha caracterizado por ser soberbio, por remplazar lo natural por lo artificial, por su omnipotencia en el actuar y su rudeza en el enfrentar lo que le rodea. Sin lugar a dudas lo que hemos visto estos días debiese orientarnos a estar en contra del individualismo, a las discusiones mezquinas y la prepotencia con la que avanzamos día a día. Si bien la naturaleza nos ha dado bellezas, también nos envía lecciones: Nunca estaremos sobre ella sino que debemos aprender a vivir en conjunto y no en su contra, que las personas se valoren por lo que son y no por lo que parecen, que el éxito se mida por la felicidad y no por la riqueza que da el dinero, por dar solo unos ejemplos.

Al igual que aquel 11 de Septiembre de 2001 en USA con el atentado al World Trade Center, la madre natura nos está dando una segunda oportunidad. Reflexionemos un minuto que sea cual es nuestra esencia, qué somos y para que existimos, hacia dónde queremos ir y en qué senda debemos avanzar. Estoy seguro que apelando a la sensibilidad de cada uno, tal como inicié este artículo, llegaremos a las mismas conclusiones; hagamos de ellas nuestras máximas para así enfrentar el futuro y de esa manera aprender finalmente a vivir la vida como se debe y no considerando solo el beneficio particular por sobre el general.
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